Mientras el bullicio de los nuevos vehículos llena las calles, en el recinto del parque se respira tranquilidad. Todo transcurre a un ritmo más pausado y sereno. La gente conversa en las terrazas de los bares, pasea entre los árboles, se detiene a mirar un guiñol o se aproxima para admirar un dirigible.
Hoy es un día tranquilo en el parque, de esos en los que cada pequeño momento cobra importancia. Entre encuentros casuales y escenas cotidianas, el lugar se convierte en un refugio donde el tiempo parece discurrir con suavidad, ajeno al ajetreo que queda fuera.











